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miércoles, 4 de junio de 2014

Lonodicho

En secreto te miré dormir,
y acaricie con mis ojos tu pelo,
tus ojos,
tus labios.
En secreto te mire dormir
y escudriñe bajo tu ropa
mientras te pensaba en la ducha
radiante, fogosa
                               
En secreto te miré dormir,
y sonreí        
los sentimientos    
más bellos y sinceros.

Pero sin secretos vivimos nuestros cuerpos y
nos alegramos el alma.

Como recuerdo de tu calidez
llevo conmigo el hechizo de tu mirada.

domingo, 16 de junio de 2013

Sexo


La noche...tu recuerdo. Las memorias de nuestras pieles; del dolor latente que espera ser reparado.
Tu boca suave sobre mis secos labios, tu cuerpo cerca, tu anorgasmia femenina y mi femenina pluriorgasmia que tan bien sabes detectar.
Las sábanas ajenas envolviendonos y desnudandonos; la luz bendita porque me permitía gozarte hasta con los ojos.
Desbandé con tu piel en mi boca, con tu boca en mi boca, con tu sexo en mi boca. Timidez aparte, inseguridad malograda. Una oda a nuestro encuentro que ya fue, pero que quisiera siempre sea.
Me gusta ser mujer cuando estoy con vos.

martes, 19 de febrero de 2013

Desde la insignificancia

¿Cómo te atreves?
Insolente.
Pretendes calificarme
sin saber cómo se vive
desde la orilla del acantilado.
Tú, ostentando propiedad
del mundo.
de su idea moral
y del buen proceder.
Te estorbo tanto,
que sería largo
tratar de enumerar,
en exacto,
aquello que juzgas.
Que me he negado
a ser tu musa
o la imagen étnica
que te justifica.
Que me he cansado
de la servidumbre.
Que estoy harta
de la incondicionalidad absurda.
Probablemente,
es porque tomé la opción
de abrir la mirada,
de escuchar mi voz,
de nombrar a mi hermana,
y hube de apropiarme
de mi hacer autonomía.
Entonces, me acusas:
Que soy vanidosa.
Que me falta sabiduría
- para entender tus reglas-.
Que de mi boca salen mentiras
- porque no me puedo tragar tus verdades-.
Porque tomé la palabra.
Porque inventé mi camino.
Me llamas infiel.
Otra vez soy la hereje.
Nuevamente, la pecadora.
Tú, desde la altura iluminada,
sentencias, como si pudieras,
sobre el alma mía,
y me llamas mujer de oscuridad.
Desde tus altares,
ante tus tribunas,
empuñando tu cetro.
Has ordenado desfigurar
la imagen de mi rostro.
Has intentado borrar mi nombre
de los testimonios.
Pero,
no logras el olvido
de mi existencia.
Déjame, Déjame.
Elijo ser la paria.
La infecciosa.
La insuficiente.
Me quedo aquí,
vanidosa,
instintiva,
con mi inteligencia poca,
con mi verdad sombría.
Me quedo aquí,
Sentada en mi soberbia.
Ya que una cosa entiendo.
Una sola, es cierto:
Si ando tan errada;
Si tengo el camino tan perdido;
Por qué insistir en negar
lo que no cuenta.
Por qué tú, desde el poder,
te ocupas de contenerme,
de acosarme, de acorralarme.
Por qué, si soy apenas nada.
Por qué, entonces,
mis preguntas abren grietas.
Por qué si cuestiono yo,
tú y tus jerarquías remojan cimientos.
Por qué, si abro yo la boca,
tú tiemblas.


Patricia Karina Vergara Sánchez