miércoles, 28 de octubre de 2015

pensar, pensar, pensar

Fue una seguidilla de días grises, del tipo que te dejan un sabor extraño en el cuerpo. Salí de casa para cumplir el compromiso de visitar a mi tía y abuela, un intento de generar un lazo nuevo con quienes son parte de mi historia.

A ellos los reunió la muerte, a mi casi que me llevó el azar. Lo primero que me llamó la atención fue el ver la reunión de los abuelos (mi abuela junto a sus hermanos mayores), que dialogaban sobre la muerte con mucha tranquilidad y comodidad; sin ser irrespetuosos supieron pasar por puntos claves: se sobreviven todas, hasta las más dolorosas. 
La viuda, mi abuela, mencionaba que después de 68 años de convivencia, cada mes sin su esposo se hacía más duro y solitario, las otras mujeres de la mesa asintieron. Yo me colgué en la idea de lo que podría significar pasar esa cantidad de tiempo y de vida junto a un otro significante; pero Olga me cortó el pensamiento "para ustedes es más fácil, porque saben que murió, lo mío es distinto, a veces pienso que los rumores son verdad; hago cuentas y creo que podría ser que viajó y que tiene otra mujer, otros hijos, que está vivo" sentenció con lágrimas en los ojos. Efectivamente para ella también cada mes y cada año es más difícil.
Mi prima se acercó a mi oído para comentarme que la anciana a mi lado fue la esposa de Avelino Bazán, uno de los 30.000 que desapareció la Junta Militar en el '76. "Avelino me decía, cuando cumplamos veinticinco años (de casados) vamos a hacer una gran fiesta...pero ni a los veinticinco llegamos. Hoy tendríamos 59 años juntos" terminó Olga con mucho de tristeza y algo de enfado.

No reivindicó la figura de Avelino Bazán como un revolucionario, incluso nuestras adhesiones políticas eran antagónicas, nuestra militancia opuesta por el vértice; pero algo se movía dentro de mí, la historia me cayó encima, con la fuerza de la realidad de los hechos. Yo, tan lejana en tiempo y espacio, también perdí compañeros, hermanos de clase y camaradas de armas...y los que hoy perdemos, los perdemos en las manos de un enemigo común que toma una forma muy distinta. Sentí que podía apenas entrever aquella otra forma voraz con la que el capitalismo mata, donde la brutalidad apenas si tiene un velo. Hoy nos erosiona con la rutina y el cansancio, con los pequeños ataques cotidianos y desde las derrotas sangrientas que le asestó a nuestra clase...a su vanguardia.

La verdad, no sé que tanto tenga que ver, que tan loco, irracional, volado, desacertado o atinado puedan ser esos sentimientos y esas sensaciones que me ganaban. Pero me sentí fortalecida, sentí un reverdecer de la seguridad de haber elegido una vida militante, la herramienta individual y social que poseo y que me hace fuerte es mi organización contra todo eso que odio y nos reprime; mis deseos de libertad se ven contenidos en el rebelarse contra lo impuesto, lo hastiante, lo triste, contra la muerte y la violencia, contra la tendencia a pensar que estamos solos. Y esos enormes dolores que no conozco, toman una dimensión diferente...y me molesta la idea de pensar que se los puede recordar como mártires; los luchadores no lo son. Y cuando pienso en ellos, los que abrazaron las mismas ideas que yo, me alejo de mi familia, de sus desaparecidos; pienso que la burguesía no tiene reparos en atragantarse con la sangre de propios y ajenos para garantizar su triunfo, me alejo de sus ideas, de sus concepciones y de sus prácticas. Me pareció tierno y a la vez me generó rechazo el romanticismo con el que se tiñen los recuerdos; me pareció chocante la intensidad con que dios se metía en sus ideas...y ese exacerbar el dolor, como si tuviera algo de placentero sumergirse en él, saborear sus amarguras; mi ser empezó a sentir rechazo por el deleite de sufrir. Yo quiero el dulce de la vida, saborear sus placeres, quiero el deleite de los sentidos, del intelecto; quiero arder la vida apasionadamente y sin cadenas. Quiero ser feliz y milito por un mundo donde todxs y cada unx de nosotrxs pueda serlo.

Terminé la noche pensando en ese abismo entre ellos y yo.

LEJANÍA de Alejandra Pizarnik

Mi ser henchido de barcos blancos.
Mi ser reventando sentires.
Toda yo bajo las reminiscencias de tus ojos.
Quiero destruir la picazón de tus pestañas.
Quiero rehuir la inquietud de tus labios.
Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de estas horas? 

jueves, 25 de diciembre de 2014

Lluvia cómplice

Una mujer caminaba sin compañía, ya entrada la noche por una pequeña, oscura y solitaria calle. Esa calle, aún más lúgubre por causa de la lluvia, es la única que lleva a su casa. La mujer camina sola porque se siente segura, porque vive sola y trabaja para pagar sus estudios; porque su jefa se retrasó, porque el colectivo tardó en llegar...camina rápido porque llueve.


El auto lleva en esa esquina días; días de sol y días de lluvia. No parece que haya un conductor, ni pasajeros. Es solo un auto en una esquina.

--- o ---

Día cuarto: ella camina por la calle oscura y solitaria, la lluvia limpia sus huellas; al mismo tiempo, repentinamente, el auto abandona su quietud. Se intersectan. El auto se detiene, se abre una puerta, un hombre -como otro cualquiera- se baja y con la tranquilidad de la impunidad adquirida, la toma del brazo. Ella ahoga un grito, se sacude asustada, no puede gritar. La puerta del auto se abre desde adentro y el miedo la invade, la absorbe.

Una nueva mañana lluviosa que ilumina tenuemente una habitación vacía. Una empleada retrasada, una jefa molesta por la impuntualidad...


Día noveno: en un diario on-line se lee un pequeño titular "Joven desaparecida, presunta fuga de hogar", un par de líneas más completan la nota que nunca será impresa.
La familia inicia una vigilia que no saben si tendrá fin, esta historia es conocida; los primeros rumores ya surgieron.
La policía toma la denuncia - ¿Alguna pareja conocida?
La Justicia no interviene, la impotencia y la bronca crecen. Sin novedades

--- o ---

Un veredicto: La Justicia no interviene porque no hay crimen, solo una joven perdida.
La lluvia borró las huellas. El silenció selló el destino.

viernes, 17 de octubre de 2014

Ni perdido, ni ausente...presente en nuestra lucha

Brotaron lágrimas de dolor y bronca. Brotaron gritos de dolor y bronca.

Sabíamos ya la causa, conocemos a los responsables. Pero aún así el dolor trepa mi garganta y anida.
16 años y sólo llevabas encima la culpa de la dignidad, la decisión de no permitir su impunidad, de no alimentar con silencio el miedo con el que crean redes delictivas que al mismo tiempo usan de montaje para justificar cada asesinato.

Con tu denuncia firmaste tu condena y tu valentía te hizo bandera de la juventud que no se esconde, la que enfrenta la maldita policía y su maldita impunidad (la que le garantiza Kristina), la que lucha junto a los obreros, la que combate por la verdadera igualdad. Sos hoy más que nunca la bandera de la revolución que necesitamos para terminar con la desigualdad, con la represión, con las desapariciones.

Luciano, hoy mi lucha se renueva en tu memoria. El mejor homenaje considero es el compromiso de continuar la lucha para terminar con el gatillo fácil, con la policía, con el estado que la ampara, con el sistema que la legítima.

jueves, 14 de agosto de 2014

Sumamente líquida

Siento la lluvia sobre mi cuerpo,
las gotas se funden con mi piel,
me deshago...
lluevo también.

miércoles, 4 de junio de 2014

Lonodicho

En secreto te miré dormir,
y acaricie con mis ojos tu pelo,
tus ojos,
tus labios.
En secreto te mire dormir
y escudriñe bajo tu ropa
mientras te pensaba en la ducha
radiante, fogosa
                               
En secreto te miré dormir,
y sonreí        
los sentimientos    
más bellos y sinceros.

Pero sin secretos vivimos nuestros cuerpos y
nos alegramos el alma.

Como recuerdo de tu calidez
llevo conmigo el hechizo de tu mirada.

Infeccioso

El plástico, azul y opaco, de manera casi instantánea dejó su marca sobre la piel. Perforó unas capas, las más cercanas a la dermis. Sólo una línea roja brotó, pero su presencia no fue percibida, sino hasta que el agua jabonosa se escurría entre las piernas morenas.

Las marcas de pies mojados hicieron su camino hasta la cama. Una vez sobre ella analizó la herida, parecía nada. Nunca pudo recordar como la obtuvo ¿Cómo no darse cuenta? ¿Por qué el ardor era tan intenso y penetrante? y el dolor inexplicable crecía. El aire seco las piernas y el toallón se hizo cargo del resto del cuerpo.

Yacía recostada...y se incorporó, pudorosa por el desnudo, pero la soledad la acobijo y la escondió de la vergüenza.